Jan
18

Intersexualidad e Intertextualidad #todaunhombre

Solo doce funciones a partir del lunes 27 de febrero
Toda un hombre de Alberto Castillo se presentará en el Teatro El Milagro (Milán, 24) 20:30 hrs.

Antonio Marquet: Alberto… Cerraste 2011 con broche de oro con Luna desmembrada en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico. Para abrir 2012 propones otra empresa teatral, Toda un hombre. ¿En qué consiste esta obra?
Alberto Castillo: Es una obra que aborda el caso de una persona intersexual a principios de Siglo XX. Al inicio de la obra es Adele y posteriormente Abel. La idea es mostrar cómo alguien es forzado a tener determinada identidad de género desde el poder.
AM: La obra está basada en un hecho real, ¿no es así? ¿Cómo lo conociste?
AC: Así es. Está basada en el caso de Herculine Barbin. Supe de éste leyendo un texto de Judith Butler, que me llevó a buscar el diario de Herculine, que había sido publicado y prologado por Foucault. Se trata del documento más antiguo que conocemos escrito por una persona intersexual en el que aborda su condición. Pero no me quedé tanto con la anécdota tal cual, lo que me resultó más llamativo fue el tono: las palabras de Herculine transmitían una gran tristeza y una especie de incapacidad para hablar de sí misma y de su condición intersexual. Creo que no podía hablar de ella misma porque no existían las palabras para referirse a ella como persona.
AM: En el centro de cada una de las escenas palpita la dimensión traumática de la construcción genérica del sujeto. Háblanos de los temores y angustias de Adele y de Abel… cómo los contrastarías:
AC: Para mí está claro que el inicio de la obra Abel se reconoce mujer, ha vivido como tal, ha sido enseñada a actuar como tal. Pienso que tiene una sexualidad lesbiana reprimida que se le escapa del cuerpo de vez en vez. Por otra parte sus diferencias físicas se manifiestan con dolores que, creo, maneja por medio de una sublimación. Muy al modo de esas místicas que hacían de la enfermedad o la mortificación del cuerpo una forma de relacionarse con lo divino que estaba siempre en la frontera de lo que se podía considerar perversión en los términos de su propio contexto. Esto no es un problema, es su normalidad, hasta que es sacada de ahí y se enfrenta a la posibilidad de ver su deseo cumplido.
Cuando el personaje es obligado a ser Abel, el problema radica en la imposibilidad de ser lo que no sabe ser. Entonces su identidad se rompe porque la presión exterior le dice que es un hombre, la obliga a ser un hombre y no tiene posibilidad alguna de rebeldía. Se trata de ser lo que la obligan a ser, hombre, o ser desconocida como sujeto válido. Creo que en este punto la mayor angustia proviene del terror al vacío, a la inexistencia, a la nada.

AM: Algo que llama la atención en Toda un hombre es la jerarquización de los géneros en la vida cotidiana: todo mundo está por encima de Adele/Abel…
AC: Pienso que en el momento en que pongo la obra, principios del Siglo XX, era así de modo total. Hoy sigue siendo así en muchos sitios de México y el mundo: el Estado, las leyes, la familia, los aparatos educativos están por encima del sujeto. La gran amenaza es el no reconocimiento, la no existencia como sujeto válido, valioso, digno de protección. La identidad sexual asignada se convierte en una forma de control sobre quién eres, qué haces y cuáles son tus roles sociales. Quien no acepta esos códigos escritos y no escritos corre el riesgo de ser violentado. Creo que no exagero: un hombre moviendo las caderas como mujer puede ser asesinado por ese hecho y su crimen quedar impune porque a fin de cuentas: ¿quién era? Nadie, según aquellos a quienes su afinidad con lo femenino lo manda al terreno de la nada.
AM: Para el médico, ser hombre es un privilegio…
AC: Creo que el espacio de la ciencia, en el contexto espaciotemporal de la obra, es uno de los más machistas que ha existido. Ignoro cómo será ahora, pero creo que debe haber cambiado poco. Sí, ser hombre ha sido manejado como un privilegio en las sociedades juedocristianas. Basta revisar todo lo que nos dice La Biblia al respecto o echarle una revisada al lenguaje científico. Freud es un claro ejemplo de falocentrismo y sigue siendo uno de nuestros referentes, quizás el más popularizado.
AM: Para el sacerdote solo habría que someterse a la voluntad divina: pero eso no le sirve a Abel para vivir…
AC: La religión es uno de los mayores generadores de angustia para Adele/Abel. Él/Ella ha vivido siempre dentro de la religión, pero hay un momento en que también es expulsado por su condición. Ahí ya no hay respuestas. Ni siquiera se le permite someterse como lo hizo durante su infancia y primera juventud. Es comparable a lo que sucede con cualquier persona que hoy en día se sale del parámetro heteronormativo y, por lo tanto, está de modo tácito (a veces explícito) fuera de las religiones dominantes.
AM: ¿Para Adele sería el género un problema irresoluble?
AC: En su contexto sí lo es. No hay espacios para él/ella y aquí quiero llamar la atención sobre el hecho de la dificultad para referirse a su persona. Yo mismo no sé si llamarla/o él o ella. Quizás era mujer porque eso fue en lo que le convirtieron, pero no creo que tras saber de su estado intersexual su identidad quedara intacta. Hoy mismo para muchos resulta difícil comprender que alguien decida, por ejemplo, ser mujer y conservar su pene. ¿Qué es lo que hace a una mujer una mujer? ¿La vagina? ¿Los pechos? ¿Qué piense que lo es? Vaya, yendo más allá yo diría que la polaridad hombre-mujer es ya obsoleta en muchos casos.
AM: De alguna manera, el convento es una especie de clóset para Adele
AC: Lo es. Se trata de un clóset con reglas muy claras y formas de convivencia jerarquizadas. Sin duda alguna ha sido el clóset de muchísimas mujeres que prefirieron reprimir su sexualidad en un espacio aceptado socialmente en el que, por lo que sabemos, hay lugar para ejercer la sexualidad, con culpa y todo. En general creo que la religión y sus espacios han servido durante mucho tiempo como clóset para hombres y mujeres con formas de sexualidad fuera de la norma heterosexual. No es causal que haya tanto pederasta, por ejemplo.
AM: ¿Cómo concebiste esta obra?
AC: Partí de la idea de que el género es algo que se actúa, es algo performativo. Uno es considerado hombre o mujer porque usa su cuerpo de acuerdo a lo socialmente construido como masculino o femenino. Me parece que el teatro es el medio ideal para mostrarlo. Hay un par de escenas clave: una donde enseñan a Adele a ser mujer y otra en la que enseñan a Abel a ser hombre. Mi apuesta es que al ver esto escenificado el público pierda ese automatismo que nos hace ver lo masculino o femenino como natural.
AM: ¿Nos podrías hablar del proceso de creación de esta pieza?
AC: Tuve que sintetizar al máximo lo que quería mostrar y elegir la mejor forma de teatralizarlo. Quería que estuvieran presentes los aspectos performáticos del género, el poder religioso, el legal, el social y llegar al sujeto mudo, no reconocido y por lo tanto sin palabras.
AM: ¿Cómo fue el complejo proceso de la puesta en escena?
AC: La directora es Gabriela Flores, una chava muy talentosa que se empapó en el tema y tiene una idea del teatro muy contemporánea. Desde el inicio pensó en la síntesis, incluso más allá de lo que planteo yo en el texto. Es uno de esos procesos en los que uno aprende muchísimo, porque nos llevó a conocer diversos casos de intersexualidad en México y de la dificultad que sigue teniendo la sociedad para encararlos. Al final descubrimos que el tema toca al género en lo amplio, es decir que el cuestionamiento es a la construcción de género y a la búsqueda de que se reconozca al sujeto por sí mismo y no con base en géneros preestablecidos. Vaya, ¿y si Adele/Abel no hubiese tenido que elegir entre ser hombre o mujer?
AM: Una lectura teatral precedió la puesta, ¿no es así? ´¿Cuándo y dónde se presentará “Toda un hombre”…
AC: Nos presentamos en noviembre en el foro A poco no, durante la Sexta Muestra de Artes Escénicas de la Ciudad de México. La respuesta del público fue muy entusiasta. Mucho, incluso más allá de lo que yo esperaba. Me da la impresión de que esta obra llega en el momento preciso, cuando el tema está en el aire y es algo que mucha gente se cuestiona. Mi idea es aportar, que el teatro hable de lo que a la sociedad le interesa o le causa conflicto.
AM: ¿Quiénes participan en esta puesta?
AC: La directora, como ya te comentaba, es Gabriela Flores. Actúan: Pilar Cerecedo, Xavier Rosales y Gisel Casas. Todos ellos son actores de una sólida formación y con gran prestigio en el medio del teatro. La música la hace Rodrigo Flores, talentosísimo compositor cuyo trabajo ha sido estrenado en Europa recientemente. En la producción participa Alfredo González y en el vestuario Aldo Vázquez Yela. Contamos además con Pauline Rousseau en la asesoría corporal. Un montón de gente talentosa con interés en el tema de género.
AM: ¿La temporada de “Toda un hombre” es larga?
AC: Es cortísima. Daremos sólo 12 funciones. Estaremos lunes, martes y miércoles a las 20:30 hrs en el teatro El Milagro (Milán 24, entre Lucerna y Gral. Prim. Col. Juárez). Estrenamos el lunes 27 de febrero y terminamos el miércoles 21 de marzo. Así que hay que correr a verla. Muchas gracias.
AM: Aguardamos con mucha expectación el 27 de febrero. Por mi parte, no me queda sino agradecer tus palabras. Nos veremos en El Milagro Alberto. Te deseo una temporada muy exitosa. El tema es muy interesante y debo decirte que la obra me gustó mucho.

Agradezco a Antonio Marquet que me realizara esta estupenda entrevista.

Jan
09

La primera escena de LUNA DESMEMBRADA

Jan
04

Narco, violencia, pobreza y homofobia en obra teatral “Van a matar al Toño”

Una crítica de la corrupción policíaca

Narco, violencia, pobreza y homofobia en obra teatral “Van a matar al Toño”

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  • 2011-11-19•Cultura

<b>Los actores en esecena.
Los actores en esecena. Fotos: Sara de la Rosa.

“Van a matar al Toño” es una obra de teatro dirigida por Luis Alberto Bravo y escrita por Alberto Castillo Pérez, que se presentó a las 18 horas el pasado jueves en las instalaciones del Laboratorio de Arte Teatral y Escénica de Nayarit (LATEN), en Morelos 139.

La puesta en escena, llevada a cabo por el grupo denominado Tituba, aborda la problemática de una familia de clase media baja, que tiene que vivir con la realidad de que uno de los hijos está involucrado en el mundo del narcotráfico.

Una mañana, en el muro de la casa de dicha familia, aparece un mensaje pintado que amenaza con matar a Toño, el hijo mayor de una madre soltera que poco a poco, y con la ayuda de un personaje fantasmal que representa el padre fallecido, va ventilando sus monstruos, sus putrefacciones y sus miedos.

“Van a matar al Toño” es una obra que aparentemente sólo aborda la problemática del narcotráfico, desde su lado más humano, desde los pobres y los ignorantes que son también seres humanos y víctimas de las circunstancias, pero habla también de la violencia intrafamiliar, del machismo, de la polémica del aborto y de la homofobia.

El escenario, protagonizado esencialmente por un sillón y una mesa, se funde con las butacas, de tal modo que los actores deambulan por entre las sillas, provocando que los asistentes se involucren aún más en la historia.

El ritmo de un tambor va marcando la tensión en las escenas y vuelve irrespirable la atmósfera, en algunos momentos de la actuación, llevada a cabo por cuatro actores: Gyna Macedo, Irvin Alonso, Arnold Rocha y Daniel Rivera.

Van a matar el Toño es ya hoy mi obra más viva y con más representaciones. Cuando la escribí el narco no era el poder abierto que hoy es, pero sin duda ya se percibía. Me gusta que se refieran a la combinación entre narco, pobreza y homofobia porque son varias caras de un mismo organismo que desde el poder articula al México en el que vivimos.

Jan
02

La cuenta del tiempo

La cuenta del tiempo
29-diciembre-2011
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¿Por qué la necesidad de contar el tiempo? Vaya, es cierto que las estaciones nos marcan de modo más o menos perceptible que la tierra ha dado la vuelta y el ciclo recomienza, pero esto sucede de modo gradual y, como lo dije anteriormente, cíclico y, sin embargo, los seres humanos hemos elegido marcar al tiempo como si ocurriera linealmente. Más aún: estamos preocupados por llevar una cuenta en la que los años no sólo pasan sino también se acumulan y se cargan de significados.

Mi teoría es que necesitamos contar el tiempo, acumular días y años porque de otro modo tendríamos la sensación de no existencia. Al señalar un número: 10, 15, 20, 40 u 80 tenemos la impresión de poseerlo. ¿Sería lo mismo si no contásemos los años? ¿Sería igual si no nos fijáramos en la edad que tenemos? Supongo que si no fuéramos humanos nos importaría muy poco; es decir, daría lo mismo si no estuviéramos siempre tan conscientes de nuestra finitud. Pero somos humanos y estamos condenados a llevar el tiempo encima, a buscar eso que llamamos trascendencia. Sabemos que el disfrute de la vida es al mismo tiempo su desgaste. Dice el filósofo colombiano Julián Serna Arango que “somos tiempo” y yo lo creo junto con él.

El caso es que pasamos la vida marcando el tiempo con fechas (como si uno pudiera de verdad retener un momento pasado asignándole una marca como 15/03/1991) lo mismo hacia el pasado que hacia el presente. ¿Por qué el afán? Pienso que de no hacerlo estaríamos siempre condenados al presente (como en realidad lo estamos) y nuestra vida no sería el camino que queremos que sea y, por lo mismo, carecería de sentido, de dirección. Por eso imprimimos fechas, las colocamos como si fueran alfileres en el tiempo para señalar su importancia.

Para mí, por ejemplo, el año 2000 tuvo una importancia mayor porque de niño leía muchos libros que hacían referencia a esta fecha como una frontera en el ser humano. Los libros y revistas se referían a temas como “La vida en el año 2000”, “La ciencia el año 2000”. O sea que esa fecha no era ni más ni menos importante que otra por sí misma, sino que un montón de seres humanos se pusieron de acuerdo para cargarla con significados y yo, como hace uno muchas veces, me entusiasmé y creí en todo eso.

¿No sucede así con los cumpleaños, por ejemplo? Uno espera cumplir 10, 15, 18 o el número que sea de años por causas que poco o nada tienen que ver con uno mismo como ser humano, como homo sapiens, y en cambio sí se relacionan mucho con el significado social de ese año en el tiempo. Porque creer que en verdad se trata de asuntos de madurez física o psíquica es ignorar que ambos conceptos son resbaladizos y, si acaso, no son sino otras fronteras creadas para sentirnos seguros con respecto a lo que sí o no se debe a cierta edad.

Ahora resulta que el mundo se puede acabar en 2012 porque el calendario maya lo sugiere. Me pregunto cuántos otros calendarios de otras civilizaciones ya han marcado el fin del tiempo. Muchos, como el chino o el judío por ejemplo, llevan una cuenta que excede a la nuestra y, ¿por qué esa necesidad de creerle al maya? Quizás porque de algún modo un poco narcisista deseamos que éste sea “el tiempo”, que seamos los testigos del fin de la humanidad (nada más ni nada menos) para participar de un acontecimiento importante. Algo que nos distinga de los otros humanos que han vivido en la tierra desde hace unos miles de años.

Por más que uno se resista es inevitable no sentirse arrastrado por la corriente del “mundo como es” (yo diría: como lo hemos hecho) y hacer lo que todos hacen: recontar lo que se ha hecho, marcar las fechas importantes, planificar, hacer listas de deseos. Los finales de año son esas fronteras que se cruzan imperceptible pero claramente y obligan a mirar hacia atrás y hacia adelante. Pero vamos marcando a este 2012 que está por comenzar, pongámosle rayas, fechas fatales (que somos expertos). Se puede acabar el mundo y peor para nosotros si no se acaba porque entonces tendremos que enfrentarlo y solucionar muchas cosas.

¿Qué esperas para 2012? ¿Tiene algún significado especial para ti? ¿Crees en fechas fatídicas? ¿Por qué piensas que de modo recurrente se habla del “fin del mundo”, “juicios finales” y otras ideas similares.

@Metacultura

Inexplicable: una treintena de comentarios desaparecieron de mi blog. Me apena por quienes se tomaron la molestia de escribir. Lo comparto de nuevo.

Dec
16

Lo que los políticos NO entienden de las redes sociales



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