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	<description>Blog de Alberto Castillo</description>
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		<title>¿Eres de la generación de la crisis?</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Feb 2009 01:19:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Castillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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Tenía alrededor de siete años de edad cuando escuché hablar por primera vez de una crisis. Eran los tiempos de José López Portillo, la colina del perro y otras anécdotas que formaban parte del folclor político de aquellos años. Era sólo el principio, porque después vendrían muchas crisis más que irían recortando, a la par [...]]]></description>
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<p>Tenía alrededor de siete años de edad cuando escuché hablar por primera vez de una crisis. Eran los tiempos de José López Portillo, la <em>colina del perro</em> y otras anécdotas que formaban parte del folclor político de aquellos años. Era sólo el principio, porque después vendrían muchas crisis más que irían recortando, a la par de los presupuestos familiares, un montón de expectativas sociales y, por qué no decirlo, personales.
</p>
<p>Ahora escucho que hay crisis otra vez. ¿Cuándo dejó de haberla, que no me enteré? Probablemente tú, como yo, no hayas conocido &#8220;de otra&#8221;, porque nos ha tocado un México que parece desmoronarse y renacer a cada segundo. ¿Y cómo nos han moldeado esa experiencia? ¿En dónde está presente esa crisis eterna en nuestra cultura? ¿Dónde y cómo podemos verla, palparla, respirarla?
</p>
<p>Pienso, por ejemplo, en las construcciones con varillas salientes del techo.  Son la muestra de un proyecto inconcluso, de sueños rotos, probablemente también de la mala planeación, quizá del desempleo o la migración. Cada edificio, jardín, banqueta, calle es susceptible de leerse y no hace falta sino asomarse a una ventana o simplemente caminar con los ojos bien abiertos para encontrar las cicatrices de la crisis en nuestro entorno. Prácticamente todo lo que nos rodea cuando vivimos en una ciudad ha sido creado por el ser humano, o al menos ha sido intervenido, está ahí porque alguien lo puso.
</p>
<p>Leer gente, los rostros, las posturas, las distancias entre los cuerpos, resulta todavía más complejo. ¿Quiénes somos nosotros, los mexicanos que hemos vivido en eterna crisis? ¿Cómo vemos la vida? Yo no puedo sino hablar por mí mismo y decir que he tenido siempre la sensación de que alguien se robó un pedazo de mi porvenir, y ese pedazo, cree mi imaginación, era el más brillante y seguramente el que más falta me hace ahora.
</p>
<p>Por supuesto que no es así. Los hubiera no existen y uno es como consecuencia de sus actos y su entorno, pero, no por hacerlo consciente deja de estar esa piedrita en el zapato, recordándome a cada momento que tal vez las cosas podrían ser mejores.
</p>
<p>Paradójicamente es en tiempos difíciles cuando la gente crea más y mejor arte. Las preocupaciones vitales tienen salida en lienzos, libros, música, fotografía y ni siquiera las peores condiciones de vida mutilan el afán de expresarse. El arte es una forma de trascendencia, de pervivir o bien, de sobrevivir cuando el entorno se torna difícil.
</p>
<p>Es curioso que en los países con sistemas sociales que protegen al individuo ante cualquier eventualidad, la creación artística se vea tan limitada. Pienso, otra vez, en Holanda ( me refiero de nuevo a este país porque es mi referente más conocido), sitio en el que un artista no necesita urgentemente vender lo que produce porque el Estado siempre le proveerá ingresos (aunque sean mínimos) a través del seguro de desempleo; el resultado es que la producción artística es baja y carece de fuerza, de esa energía vital que es tan valorada por el público. Se dice en el medio artístico que para crear hace falta tener hambre, no sólo de alimentos sino también de triunfo.
</p>
<p>Es interesante ver también cómo las crisis van dejando su huella en los temas y técnicas abordadas por los artistas. Ahí está el cercanísimo ejemplo de <em>Miradas al 68</em>, una exposición que se presenta en el Centro Cultural Tlateloco y que aborda la forma en que aquel movimiento estudiantil influyó en la cultura mexicana contemporánea. Está también el teatro de revista, que se recuperó tras las constantes crisis como una forma idónea para burlarse de la situación y exorcizar a los demonios de la depresión.
</p>
<p>Por el momento nadie se atreve a hacer pronósticos y los festivales, ferias y exposiciones siguen con normalidad, como siempre, con muchas dificultades y algunos éxitos rotundos. ¿Ha sido alguna vez de otro modo? Algunos me cuentan que sí, fue en un tiempo anterior a mi existencia, cuando todavía existía la idea de progreso y los artistas eran seres privilegiados. ¿También eres de la generación de la crisis? Cuéntame.
</p>
<p>
 </p>
<p>
 </p>
<p>  </p>
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		<title>Las dolencias del artista</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2008 22:59:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Castillo</dc:creator>
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Debe haber una buena cantidad de neurosis en alguien que dedica horas, días, años de su vida a realizar una obra de arte. Sin duda alguna el hecho de preferir la vida interna señala cierto rechazo (por mínimo que éste sea) a la vida externa. Conozco el caso de novelistas que dedican cinco o más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/10/autorretrato-con-oreja-vendada-1889-vincent-van-gogh-londres-courtald-institute-galleries.jpg" title="Van Gogh"><img src="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/10/autorretrato-con-oreja-vendada-1889-vincent-van-gogh-londres-courtald-institute-galleries.thumbnail.jpg" alt="Van Gogh" /></a></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%"><span lang="ES-MX">Debe haber una buena cantidad de neurosis en alguien que dedica horas, días, años de su vida a realizar una obra de arte. Sin duda alguna el hecho de preferir la vida interna señala cierto rechazo (por mínimo que éste sea) a la vida externa. Conozco el caso de novelistas que dedican cinco o más años a escribir un solo libro, tiempo en el que su energía está dedicada a ese solo objetivo. Cualquiera de nosotros, creo, se lo pensaría más de dos veces antes de emprender un proyecto tan demandante. Si no supiéramos que se trata de un artista y que su comportamiento es porque está creando, bien podríamos pensar que se trata de una enfermedad en la que una de sus característica es la manía de escribir.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%"><span lang="ES-MX">La novelista británica Virginia Woolf creó a Orlando, que también es<span>  </span>el título de la novela, un personaje que vive alrededor 400 años y dedica casi toda su vida a escribir y corregir una sola obra literaria titulada “La Encina”. Quien se haya enfrentado a esto de escribir, pintar, componer, bailar o cualquier otra forma de expresión artística comprenderá claramente a Orlando, porque una obra nunca está terminada. De hecho la manera de concluirla es abandonarla. Escribir, para Virginia Woolf era una manera de sobrellevar las fuertes depresiones que tenía. Hoy se cree que esta británica padecía la enfermedad hoy conocida como trastorno bipolar de personalidad.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%"><span lang="ES-MX">Un buen número de médicos y psicoanalistas se han dedicado a investigar la relación entre arte y enfermedad y nos han descubierto que </span>Michelangelo Buonarroti padecía fuertes depresiones y tenía cálculos renales, además, bien pudo padecer envenenamiento por plomo, que contenía el vino que se bebía en esa época.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">¿Y qué decir de Vincent<span>  </span>van Gogh? En su caso la enfermedad mental era más que evidente y su pintura retrata una deformación (bellísima deformación) de la manera de percibir el mundo. Su preferencia por el color amarillo ha sido explicada por el uso excesivo de medicamentos que contenían digitalina (un alcaloide)<span>  </span>y licor de ajenjo (que hoy está prohibido porque daña el cerebro), lo que habría causado una visión amarillenta de su entorno.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">El Grito de Edvard Munch, sería la expresión pictórica de una mente psicótica; y sí, uno no puede dejar de sentir angustia al enfrentarse a esa pintura en la que el grito está envuelto por un cielo de colores brillantes que parece caerse sobre el adolorido personaje.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">La reciente exposición, <em>Pensando en ti</em>, de Julio Galán que se presenta en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en la Ciudad de México, devuelve la imagen de alguien enfermo de melancolía, siempre disfrazándose como una forma de evadir su propia personalidad, atrapado en un capullo como larva enferma que sabe que nunca será mariposa.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">Yo mismo he pasado meses de mi vida en cama a causa de ataques de asma y mi única diversión durante todo ese tiempo ha sido leer y escribir. En mi cama de convaleciente nacieron historias a las que les he dado forma a lo largo de los años. Tal vez de ahí surja también mi afición por el teatro, como una manera de crear personajes que pueden ser o hacer lo que no soy ni hago. Estoy completamente seguro de que si el asma no hubiera limitado mi libertad de movimiento, no tendría afición por la letras.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">La enfermedad provoca trastornos en el cuerpo: dolor, fiebre, hipersensibilidad, alteraciones sensoriales, que nos hacen conectarnos con el mundo de otro modo. Recuerda cómo una mínima gripe te hace ver el mundo de otro modo y cualquier malestar nos obliga a sentirnos como un cuerpo que navega en un mar que pega, duele, cala, brilla, repele.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">Intento imaginarme a un artista lleno de salud y vida y no lo consigo. Por el contrario, sí lo veo actuando obsesivamente frente a un lienzo, repitiendo enfebrecidamente una pieza en piano, ensayando un personaje (a su vez enfermo), buscando la palabra exacta, la que convertirá en obra de arte al texto.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">¿Están los artistas enfermos de una forma de locura? Creo que sí, pero en el sentido de una enfermedad y locura como una capacidad de ver el mundo de otro modo. De algún modo un buen artista es alguien que puede ver la vida, cada día, como si fuera la primera vez. Imagínate: te levantas de la cama y al abrir los ojos todo te sorprende: no sabes qué es exactamente qué es lo que ves, tocas, hueles, sientes, y sientes la enorme necesidad de descubrirlo y plasmarlo.</p>
<p class="MsoNormal" style="line-height: 150%">¿Qué relación encuentras entre arte y enfermedad? ¿En tu caso te has acercado a la lectura, la escritura, la pintura u otra forma artística a partir de una enfermedad o convalecencia? ¿Conoces otros artistas en cuya obra la enfermedad sea o haya sido importante?</p>
<p><a href="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/10/autorretrato-con-oreja-vendada-1889-vincent-van-gogh-londres-courtald-institute-galleries.jpg" title="Van Gogh"><br />
</a></p>
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		<title>¿Y si la historia la contaran las mujeres?</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2008 22:55:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Castillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[LITERATURA]]></category>

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En el blog pasado mencioné la novela Foe, de J. M. Coetzee, un autor sudafricano que ganó el premio Nobel de literatura en 2005. En esta novela es una mujer quien relata lo acontecido a Robinson Crusoe, aquel aventurero que va a dar a una isla desierta en la que sólo lo acompaña su esclavo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/10/la-joven-de-la-perla-van-der-meer.jpg" title="Joven con arete de perla"><img src="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/10/la-joven-de-la-perla-van-der-meer.jpg" alt="Joven con arete de perla" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En el blog pasado mencioné la novela Foe, de J. M. Coetzee, un autor sudafricano que ganó el premio Nobel de literatura en 2005. En esta novela es una mujer quien relata lo acontecido a Robinson Crusoe, aquel aventurero que va a dar a una isla desierta en la que sólo lo acompaña su esclavo Viernes. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Por supuesto que un texto puede leerse de muchos modos, pero una de las cosas que más me llama al atención es que en este ejercicio de contar la misma historia, pero vista con ojos femeninos, las cosas importantes son completamente otras. No hay un énfasis en la conquista de los territorios, ni batallas contra caníbales, ni siquiera deseo de relatar asuntos que llamaríamos extraordinarios. No hay aventuras en el sentido que nos referimos comúnmente al término, sino una vida igualmente extraordinaria pero vista de otro modo. Un mundo en el que no sólo las guerras y conquistas son importantes para el género humano.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Con gran ironía, en <em>Foe</em> descubrimos que el autor de Robinson Crusoe, según la visión de la narradora, no era otra cosa que un hombre endeudado que escribía historias fantásticas para venderlas. Así, la aventura contada por la voz femenina carece de valor porque necesita ser aderezada con asuntos terribles, vaya, con lo que la gente quiere oír para aderezar sus vidas.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">¿Qué pasaría si los cronistas que relataron la llegada de los españoles a México hubieran sido mujeres? Y voy más allá: ¿qué pasaría si nuestra Historia, la de este país, hubiera sido escrita desde un principio por mujeres? Quizá nos habríamos enterado de muchas cosas de las que sabemos muy poco y que son tan importantes como el número de muertos en una batalla. Tal vez sabríamos más acerca de la cultura cotidiana y profunda de un pueblo, de sus luchas contra enfermedades, de los rituales de fecundidad, de las palabras que designaban el mundo específicamente femenino de ese tiempo y de cómo vivieron esos primeros hijos que ya eran del extranjero. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Todo esto viene a cuento también porque en los museos, nacionales y extranjeros, se hace especial énfasis en los temas culturales que tienen que ver con el mundo masculino. Se exhiben lanzas, hachas, ropa de batalla, reproducciones del aspecto de los guerreros, pinturas alusivas a batallas, generales y un sinfín de imágenes que me llevan a preguntarme lo siguiente: ¿qué mensaje están tratando de transmitir? <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">¿Por qué hay tan pocos objetos que se refieran al mundo femenino? Y con esto no quiero restringir a las mujeres a un solo espacio, sino señalar que en esas sociedades que se presentan en los museos había un espacio femenino determinado por la cultura y eso es lo que me gustaría ver.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Ahora mismo quisiera saber dónde está la voz de las mujeres que son parte de la violencia del narcotráfico. ¿Quiénes son ellas? ¿Qué piensan? ¿Cómo viven ese mundo en el que seguramente son parte de y no sólo espectadoras? Muy poco a poco, por ejemplo, nos hemos ido enterando de que en las mafias estadounidenses e italianas de principios del siglo pasado las mujeres tuvieron un papel importantísmo: organizaban, administraban, lideraban. ¿Por qué no ha de suceder lo mismo en México?<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Pero también me gustaría saber cómo ven las mujeres la vida actual, cómo ven los cambios en los roles sociales, cómo viven la maternidad, el matrimonio, la educación, la política, los negocios. ¿Es cierto que hay equidad? Yo no la veo, porque en el Distrito Federal, que supuestamente busca la equidad, tienen que ir confinadas en ciertos espacios en el transporte público para que no sean acosadas sexualmente. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Si tomamos en cuenta que al menos la mitad de la población de este país es de mujeres, creo que la representación en todos los ámbitos de la sociedad está muy por debajo de su participación numérica. ¿Por qué? <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Insisto: ¿Qué pasaría si la historia la escribieran las mujeres? ¿De qué nos hablarían? <o:p></o:p></span></p>
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		<title>La Megabiblioteca  de Fox y la microbiblioteca de Calderón</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 23:08:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Castillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>

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Hay asuntos en los que es políticamente incorrecto disentir. Me referiré a dos y me arriesgaré a los tomatazos. Uno, la Megabiblioteca José Vasconcelos; dos, la microbiblioteca que, anunció Felipe Calderón, se entregaría a familias de escasos recursos.
En el caso de la Vasconcelos, me he llevado un par de rechiflas cuando he [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><br />
<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><!--[if !supportEmptyParas]--> </span><a href="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/08/bibliotecajosev.jpg" title="Megabiblioteca"><img src="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/08/bibliotecajosev.jpg" alt="Megabiblioteca" height="250" width="316" /></a></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--><o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><!--[if !supportEmptyParas]--> <!--[endif]--><o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Hay asuntos en los que es políticamente incorrecto disentir. Me referiré a dos y me arriesgaré a los tomatazos. Uno, la Megabiblioteca José Vasconcelos; dos, la microbiblioteca que, anunció Felipe Calderón, se entregaría a familias de escasos recursos.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En el caso de la Vasconcelos, me he llevado un par de rechiflas cuando he manifestado mi negativa a su construcción porque, ¡quién puede estar en contra de que existan más bibliotecas! Visto de ese modo, el armatoste ubicado en Buenavista, en la Ciudad de México, debería ser aplaudido por todos, pero hay algunos <em>asegunes.</em> <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El proyecto surgió a partir de una necesidad personal y no de la emanada de la sociedad. Como ya mencioné en otro texto de este blog, la Megabiblioteca es un intento de Vicente Fox de quitarse la fama de inculto que se ganó, con altas calificaciones, a lo largo de su sexenio como presidente. De ahí la urgencia de hacer un edificio faraónico, de ahí la prisa por construirlo e inaugurarlo. Los defensores de lo que este edificio podría llegar a ser (cuando lo terminen) señalan que una biblioteca y la serie de actividades compatibles con su función tendrá un impacto positivo en una zona de la ciudad afectada por criminalidad y carente de espacios sanos para convivir.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Una visita a la Megabiblioteca da más la impresión de encontrarse frente a un espacio privado, condominio o, en el mejor de los casos, un centro comercial. El entorno fue olvidado por el arquitecto Alberto Kalach, quien dio la espalda a la deprimida zona urbana y el buen impacto que se podría tener en ésta.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Otro punto: se supone que podría ser el cerebro que interconectaría a una rede nacional de bibliotecas. Otro error, quienes creían esto se han topado con la realidad: no existe un proyecto que contemple este objetivo. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Bueno, incluso aceptando que nada de lo anterior se cumpla, una biblioteca más en México, un país con un enorme déficit de estas instituciones, es siempre bien recibida, dirá mi amigo el optimista. No lo creo, porque no necesitamos una gigantesca biblioteca en un área central de la Ciudad de México, a la que la gente tenga que trasladarse sino acercar las bibliotecas a la gente. Ya me imagino a un niño en Chalco diciéndole a su mamá: “Ahorita vengo, voy a la Vasconcelos”. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Las pocas semanas que el edificio abrió sus puertas al público fueron suficientes para demostrar su inoperabilidad, si acaso sirvió como “café internet”. Los libros nunca fueron la atracción porque estaban lejos, inaccesibles, yacentes como cadáveres en sus elegantes anaqueles colgantes. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El proyecto está mal planeado y se supone que, ahora sí, el edificio estará listo en noviembre, así que, a apechugar. ¿Podemos hacer algo a estas alturas? Creo que sí. Por lo pronto, exigir que se convierta en un verdadero centro cultural, con nexos bien claros con la comunidad en la que se encuentra, talleres y una vocación de gran centro de acopio y manejo de acervo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Lo que en realidad necesitamos es un cerebro que conecte a la serie de pequeñas bibliotecas que ya existen en la ciudad y, por qué no, en el país. De ese modo, cualquier biblioteca, por pequeña que sea, podrá hacer préstamos interinstitucionales y llevar libros hasta el último rincón, sin importar que se trate de la zona más marginada de México. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En la ciudad de San Luis Potosí, Alejandra Elías, quien trabaja en la Dirección de Cultura junto a Laura Elena González, echó a andar dos proyectos que merecen ser replicados: un autobús biblioteca, que puede ser llevado a cualquier barrio; y la biblioteca de patio, que es administrada por los dueños de la casa donde se instala. En ambos casos el hecho deriva en nexo entre libros y comunidad, cercanía, responsabilidad y fortalecimiento del tejido social. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En al caso de la microbiblioteca de Felipe Calderón sucede algo similar. No sé quién fue el listo que le dijo a Calderón que anunciar la entrega de entre 15 y 20 libros básicos a los habitantes de viviendas populares haría pensar que él si se preocupa por que la gente lea. (De hecho hace recordar a Fox) En el hecho hay muchísimas aristas: entregar libros no garantiza de ningún modo que la gente lea, en un hogar donde nadie toma un libro, seguramente servirán para apoyar muebles o, en el mejor de los casos, de adorno. Los libros por sí mismos no dicen nada, su valor nace de la relación que se establece con ellos y, con una biblioteca de patio, se obtendrían mejores resultados. Pese a ser un acto solitario, la lectura es un hecho social. Uno no lee un libro y se queda callado, al contrario, siente de inmediato la necesidad de hablar de él.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Ahora bien, ¿quién dirá qué libros se deben entregar? Bajo qué criterios, cuál será el objetivo de su lectura, quién los editará e imprimirá, qué ideología contendrán, cómo puede medirse el impacto de un proyecto así. ¿A qué proyecto de país responderán? Porque no es lo mismo obsequiar un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez que uno de Carlos Castaneda. En el caso de la Constitución y los diccionarios los conflictos serán menores, pero, al pensar en la Historia de México el asunto se vuelve complejo. Tan sólo hay que recordar los enormes problemas que surgen cada vez que se hace un ajuste a los libros de texto gratuitos. Concediendo que este programa tenga un éxito mesurable, ¿qué sigue? Si sólo se trata de la búsqueda de un efecto mediático, seguramente ahí se quedará. Veremos las fotos del hogar beneficiado y el rincón en el que se colocarán los libros. Esperemos que antes de anunciar “programas” de este tipo se espere a la elaboración del reglamento emanado de la<span>  </span>Ley del libro. <o:p></o:p></span></p>
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		<title>Grandes maestros</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Aug 2008 23:02:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Castillo</dc:creator>
				<category><![CDATA[TEATRO]]></category>

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		<description><![CDATA[

&#160;
Hablábamos del dramaturgo Hugo Argüelles la semana pasada, a propósito del peligro que corre su casa de ser vendida al mejor postor y, más que la casa, el acervo  que reunió en este sitio. De inmediato un cúmulo de voces se alzó para decir que eso no es justo, que se debe dar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><a href="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/08/escritorio-del-maestro-peke.jpg" title="Escritorio de Hugo Argüelles"><img src="http://albertocastillo.dramaturgiamexicana.com/wp-content/uploads/2008/08/escritorio-del-maestro-peke.jpg" alt="Escritorio de Hugo Argüelles" /></a><span lang="ES-MX"><br />
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<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Hablábamos del dramaturgo <u>Hugo Argüelles</u> la semana pasada, a propósito del peligro que corre su casa de ser vendida al mejor postor y, más que la casa, el acervo<span>  </span>que reunió en este sitio. De inmediato un cúmulo de voces se alzó para decir que eso no es justo, que se debe dar a libros, discos, espacios y objetos el uso para el que él los concibió. Hugo Argüelles era un gran maestro, como también lo fue <u>Emilio Carballido </u><span> </span>o <u>Juan José Gurrola</u> <span> </span>o los recientemente fallecidos <u>Víctor Hugo Rascón Banda</u> <span> </span>y <u>Alejandro Aura</u>,<span>  </span>además muchos otros que no menciono porque el espacio es limitado y porque cada quien ha tenido uno o varios grandes maestros.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">¿Qué es un gran maestro? O, mejor dicho ¿qué hace que alguien sea un gran maestro? Primero está, evidentemente, el conocimiento. Los grandes maestros tienen un particular interés por conocer su materia, o materias, a fondo. Se informan y mantienen al día de todo aquello que podría cambiar sus líneas de pensamiento o acción. Pero no basta con el conocimiento, porque hay quien sabe mucho y no hace nada con ese saber, se lo guarda. Por ejemplo Hugo Argüelles (y lo pongo de ejemplo porque lo conocí de cerca) era un gran maestro porque tenía la necesidad de saber todo acerca del teatro: veía obras, leía textos dramáticos, críticos, teóricos y se hacía de todo tipo de publicaciones que apoyaran su saber. De ahí que en su casa haya miles de textos en los que alguna vez encontró ideas que le parecieron importantes.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Pero no basta con acumular conocimientos. Todos conocemos a “enciclopedia ambulantes” que no hacen nada con ese saber. Abunda ese tipo de gente en todos los ámbitos y especialmente en el artístico. Un gran maestro tiene una imperiosa necesidad de transmitir sus conocimientos. No es difícil identificar a quien tiene madera de maestro porque hará todo lo posible por crear las condiciones que le permitan comunicar su saber. Argüelles acondicionó un área de su casa, primero la cochera y después la sala, para ofrecer un taller de dramaturgia. Podía vivir sin las nimias ganancias que obtenía por dar estas clases, de hecho en ocasiones muchos alumnos no pagaban o pagaban sólo cuando “se acordaban”, pero él necesitaba de sus alumnos tanto como nosotros de él. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Las clases de Argüelles eran tremendamente heterodoxas, incluso extrañas. Se valía de elementos cercanos usados de modo poco común para conseguir lo que quería. Generalmente contaba historias que inducían estados de ánimo específicos. Después, ya que el ambiente estaba como lo había previsto, pedía que escribiéramos algún ejercicio. Utilizaba mucho la música como apoyo para hablar de estilos, tonos, acción dramática y nos obligaba a escribir en una completa oscuridad. Cuando hablaba de teorías del pensamiento, de psicoanálisis freudiano, lacaniano, uno tenía la impresión de que algo en sus ideas no ajustaba. Y así era, porque al revisar los textos a los que se refería siempre había huecos que él había llenado con su imaginación, o, mejor dicho, con ideas que servían para el propósito didáctico. Eso sí, siempre lo que él había interpretado era mil veces más interesante que lo que estaba en los libros originales. Esto me lleva a otro punto: un gran maestro crea las ideas, materiales, ejercicios y condiciones que le permiten transmitir de mejor manera su conocimiento. Por eso, como se puede ver en la fotografía que ilustra este texto, Hugo diseñó un aula mágica, con una especie de trono en su parte central (tenía un ego gigantesco) y paredes repletas de cuadros, fotografías, figurillas religiosas, alebrijes y otros monstruos. Los objetos no servían para lo que habían sido diseñados, porque estaba colocados en un contexto en el que el propósito único era la enseñanza y debían servir de estímulo.<o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Dos veces por semana, durante años, los alumnos de Hugo Argüelles esperábamos a que abriera la puerta metálica de su casa para cruzar el pasillo atestado de fotografías en las que se le veía a él, invariablemente, con alguna otra personalidad. A la salida de la sala que funcionaba como aula, hizo colocar lo que podemos llamar “el muro de los alumnos”. Ahí están, al lado de Hugo, Sabina Berman, Víctor Hugo Rascón, Jesús González Dávila, Luis Eduardo Reyes, Gabriela Inclán, José J. Vázquez, Gerardo Luna, Ana María Vázquez, Susana Pagano, Edgar Álvarez, Diana Golden, Elizabeth Aguilar y muchos más a los que alguna vez les otorgó el título de alumnos. Ser alumno de Hugo significaba no sólo asistir a clases, sino también compartir largas conversaciones en el café, ir al teatro o al cine. Buscar libros dificilísimos de encontrar en las librerías de viejo o involucrarse en experiencias increíbles, como ir a descubrir que Pedro Infante vive y escucharlo cantar en un bar de Naucalpan. (Esta aventura yo mismo la viví en compañía del maestro, Carmen Boullosa y Ana María Jaramillo). De aquí extraigo otro requisito para ser un gran maestro: establecer un nexo de cercanía con el alumno, mantenerlo y comprender que el aprendizaje va en ambas direcciones. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Sin todo lo anterior no puede haber un gran maestro, aunque falta un requisito, quizá el más importante: la generosidad. Un gran maestro es generoso incluso sin saberlo. No se guarda información, permite que sus alumnos se a apropien de su saber, que lo usen y construyan una obra nueva. En un gran maestro no existe miedo de ser rebasado por los más jóvenes, de otro modo nunca se embarcaría en la empresa del aprendizaje. En un gran maestro, como sucedía en el caso de Hugo Argüelles, el saber sólo tiene sentido si se transmite. De otro modo se trataría de una obra efímera, que, tras la muerte desaparecería en el olvido. Por eso es tan importante que la casa de Argüelles se mantenga íntegra y que funcione como el centro de enseñanza que el previó. La mesa está servida y sólo hace falta que el Gobierno del Distrito Federal se decida a cumplir con uno de sus deberes en el ámbito cultura. Desde aquí va mi petición a Marcelo Ebrard para que se involucre en este asunto. El expediente está en el escritorio de uno de sus funcionarios, Mario Delgado, Secretario de Finanzas. <o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Los grandes maestros están en todas partes y no necesariamente son famosos. Puede ser aquella mujer que nos enseñó a leer, a multiplicar o aquél profesor que nos dio una lección<span>  </span>de vida o transmitió algo único. ¿Qué<span>  </span>otras características debe tener un gran maestro? ¿Quién es para ti un gran maestro y en que rubro? Seguramente has tenido un gran maestro a los largo de tu vida, o varios. Por favor cuéntanos de quién se trata y relátanos tu experiencia. <o:p></o:p></span></p>
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