¿Y si la historia la contaran las mujeres?
En el blog pasado mencioné la novela Foe, de J. M. Coetzee, un autor sudafricano que ganó el premio Nobel de literatura en 2005. En esta novela es una mujer quien relata lo acontecido a Robinson Crusoe, aquel aventurero que va a dar a una isla desierta en la que sólo lo acompaña su esclavo Viernes.
Por supuesto que un texto puede leerse de muchos modos, pero una de las cosas que más me llama al atención es que en este ejercicio de contar la misma historia, pero vista con ojos femeninos, las cosas importantes son completamente otras. No hay un énfasis en la conquista de los territorios, ni batallas contra caníbales, ni siquiera deseo de relatar asuntos que llamaríamos extraordinarios. No hay aventuras en el sentido que nos referimos comúnmente al término, sino una vida igualmente extraordinaria pero vista de otro modo. Un mundo en el que no sólo las guerras y conquistas son importantes para el género humano.
Con gran ironía, en Foe descubrimos que el autor de Robinson Crusoe, según la visión de la narradora, no era otra cosa que un hombre endeudado que escribía historias fantásticas para venderlas. Así, la aventura contada por la voz femenina carece de valor porque necesita ser aderezada con asuntos terribles, vaya, con lo que la gente quiere oír para aderezar sus vidas.
¿Qué pasaría si los cronistas que relataron la llegada de los españoles a México hubieran sido mujeres? Y voy más allá: ¿qué pasaría si nuestra Historia, la de este país, hubiera sido escrita desde un principio por mujeres? Quizá nos habríamos enterado de muchas cosas de las que sabemos muy poco y que son tan importantes como el número de muertos en una batalla. Tal vez sabríamos más acerca de la cultura cotidiana y profunda de un pueblo, de sus luchas contra enfermedades, de los rituales de fecundidad, de las palabras que designaban el mundo específicamente femenino de ese tiempo y de cómo vivieron esos primeros hijos que ya eran del extranjero.
Todo esto viene a cuento también porque en los museos, nacionales y extranjeros, se hace especial énfasis en los temas culturales que tienen que ver con el mundo masculino. Se exhiben lanzas, hachas, ropa de batalla, reproducciones del aspecto de los guerreros, pinturas alusivas a batallas, generales y un sinfín de imágenes que me llevan a preguntarme lo siguiente: ¿qué mensaje están tratando de transmitir?
¿Por qué hay tan pocos objetos que se refieran al mundo femenino? Y con esto no quiero restringir a las mujeres a un solo espacio, sino señalar que en esas sociedades que se presentan en los museos había un espacio femenino determinado por la cultura y eso es lo que me gustaría ver.
Ahora mismo quisiera saber dónde está la voz de las mujeres que son parte de la violencia del narcotráfico. ¿Quiénes son ellas? ¿Qué piensan? ¿Cómo viven ese mundo en el que seguramente son parte de y no sólo espectadoras? Muy poco a poco, por ejemplo, nos hemos ido enterando de que en las mafias estadounidenses e italianas de principios del siglo pasado las mujeres tuvieron un papel importantísmo: organizaban, administraban, lideraban. ¿Por qué no ha de suceder lo mismo en México?
Pero también me gustaría saber cómo ven las mujeres la vida actual, cómo ven los cambios en los roles sociales, cómo viven la maternidad, el matrimonio, la educación, la política, los negocios. ¿Es cierto que hay equidad? Yo no la veo, porque en el Distrito Federal, que supuestamente busca la equidad, tienen que ir confinadas en ciertos espacios en el transporte público para que no sean acosadas sexualmente.
Si tomamos en cuenta que al menos la mitad de la población de este país es de mujeres, creo que la representación en todos los ámbitos de la sociedad está muy por debajo de su participación numérica. ¿Por qué?
Insisto: ¿Qué pasaría si la historia la escribieran las mujeres? ¿De qué nos hablarían?


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