¿Eres de la generación de la crisis?
Tenía alrededor de siete años de edad cuando escuché hablar por primera vez de una crisis. Eran los tiempos de José López Portillo, la colina del perro y otras anécdotas que formaban parte del folclor político de aquellos años. Era sólo el principio, porque después vendrían muchas crisis más que irían recortando, a la par de los presupuestos familiares, un montón de expectativas sociales y, por qué no decirlo, personales.
Ahora escucho que hay crisis otra vez. ¿Cuándo dejó de haberla, que no me enteré? Probablemente tú, como yo, no hayas conocido “de otra”, porque nos ha tocado un México que parece desmoronarse y renacer a cada segundo. ¿Y cómo nos han moldeado esa experiencia? ¿En dónde está presente esa crisis eterna en nuestra cultura? ¿Dónde y cómo podemos verla, palparla, respirarla?
Pienso, por ejemplo, en las construcciones con varillas salientes del techo. Son la muestra de un proyecto inconcluso, de sueños rotos, probablemente también de la mala planeación, quizá del desempleo o la migración. Cada edificio, jardín, banqueta, calle es susceptible de leerse y no hace falta sino asomarse a una ventana o simplemente caminar con los ojos bien abiertos para encontrar las cicatrices de la crisis en nuestro entorno. Prácticamente todo lo que nos rodea cuando vivimos en una ciudad ha sido creado por el ser humano, o al menos ha sido intervenido, está ahí porque alguien lo puso.
Leer gente, los rostros, las posturas, las distancias entre los cuerpos, resulta todavía más complejo. ¿Quiénes somos nosotros, los mexicanos que hemos vivido en eterna crisis? ¿Cómo vemos la vida? Yo no puedo sino hablar por mí mismo y decir que he tenido siempre la sensación de que alguien se robó un pedazo de mi porvenir, y ese pedazo, cree mi imaginación, era el más brillante y seguramente el que más falta me hace ahora.
Por supuesto que no es así. Los hubiera no existen y uno es como consecuencia de sus actos y su entorno, pero, no por hacerlo consciente deja de estar esa piedrita en el zapato, recordándome a cada momento que tal vez las cosas podrían ser mejores.
Paradójicamente es en tiempos difíciles cuando la gente crea más y mejor arte. Las preocupaciones vitales tienen salida en lienzos, libros, música, fotografía y ni siquiera las peores condiciones de vida mutilan el afán de expresarse. El arte es una forma de trascendencia, de pervivir o bien, de sobrevivir cuando el entorno se torna difícil.
Es curioso que en los países con sistemas sociales que protegen al individuo ante cualquier eventualidad, la creación artística se vea tan limitada. Pienso, otra vez, en Holanda ( me refiero de nuevo a este país porque es mi referente más conocido), sitio en el que un artista no necesita urgentemente vender lo que produce porque el Estado siempre le proveerá ingresos (aunque sean mínimos) a través del seguro de desempleo; el resultado es que la producción artística es baja y carece de fuerza, de esa energía vital que es tan valorada por el público. Se dice en el medio artístico que para crear hace falta tener hambre, no sólo de alimentos sino también de triunfo.
Es interesante ver también cómo las crisis van dejando su huella en los temas y técnicas abordadas por los artistas. Ahí está el cercanísimo ejemplo de Miradas al 68, una exposición que se presenta en el Centro Cultural Tlateloco y que aborda la forma en que aquel movimiento estudiantil influyó en la cultura mexicana contemporánea. Está también el teatro de revista, que se recuperó tras las constantes crisis como una forma idónea para burlarse de la situación y exorcizar a los demonios de la depresión.
Por el momento nadie se atreve a hacer pronósticos y los festivales, ferias y exposiciones siguen con normalidad, como siempre, con muchas dificultades y algunos éxitos rotundos. ¿Ha sido alguna vez de otro modo? Algunos me cuentan que sí, fue en un tiempo anterior a mi existencia, cuando todavía existía la idea de progreso y los artistas eran seres privilegiados. ¿También eres de la generación de la crisis? Cuéntame.

Comentarios
Definitivamente soy pare de esta generacion de la crisis. lo que me cuesta mas creer y mejor dicho aceptar es como sobrevivir sin vivir.
Es posible dejar el estado de emergencia sin sentir que algo falta?
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