Para aquellos interesados en el fenómeno literario del crack, aquí un extracto del artículo publicado por la Revista de la Universidad Nacional (UNAM), que se puede leer completo en el link señalado en este blog (abajo a la izquierda en la página inicial).
Por Alberto Castillo
El efímero Crack mexicano nos dejó como herencia cinco novelas y un manifiesto en el que se apuntan un buen número de ideas interesantes y en el que se traza un mapa muy complejo de la literatura mexicana actual. Si bien la palabra crack es usada con gran facilidad, no ha quedado claro hasta ahora qué es el crack y cuáles fueron sus propuestas y productos. Contestar estas cuestiones es la intención de este artículo, no tanto por afán de poner etiquetas, sino por comprender mejor las tendencias presentes en la literatura actual, en este caso, la mexicana. Para ello, hemos elegido profundizar en el Manifiesto Crack y en tres autores, dos de ellos con gran éxito editorial, Ignacio Padilla y Jorge Volpi, el otro, menos conocido en el mercado del libro, Eloy Urroz. El Manifiesto Crack fue leído por primera vez en agosto de 1996 durante la presentación de los primeros libros del grupo, en la ciudad de México; su intención primordial, o al menos la primera que salta a la vista al leer el texto completo, es la de presentar cinco novelas. A saber: El temperamento melancólico, Memoria de los días, Si volviesen sus majestades, La conspiración idiota y Las rémoras.
La idea general que resalta en torno a las mencionadas novelas, es la de que no debemos esperar de ellas un tipo de literatura llamada “complaciente”. Tiene poco que ver con los textos reconocidos como tales, que estuvieron tan en boga en la época de las vanguardias. Es sin duda un manifiesto si se toma literalmente el sentido de la palabra y se reconoce que efectivamente señala, da a conocer algo. Pero no lo es en él el afán de ruptura, provocación y búsqueda de una nueva estética que tan evidente es al leer los textos similares publicados por los futuristas o los estridentistas, por citar algunos. No se trata, en todo caso, del manifiesto de las vanguardias en el que la certidumbre de haber encontrado el camino correcto se destacaba sobre todo. Al contrario, la autoría múltiple y la división temática entregan de inmediato la idea multiplicidad de voces e ideas. El estilo mismo con el que los autores abordan su tema, tal vez asignado, da ya de entrada, una idea de que no se trata de un manual de cómo hacer crack literatura. Los propios autores se curan en salud al hacer hincapié acerca de que no están en posesión de la verdad y que su actitud es sobre todo de búsqueda. “Las novelas del crack no nacen de la certeza, madre de todos los aniquilamientos creativos, sino de la duda, hermana mayor del conocimiento… las novelas del crack apuestan por todos los riesgos. Su arte es, más que el de lo completo, el de lo incumplido.”[1]
Por otra parte, los títulos de los apartados tienen un sentido que apunta hacia una intención académica e incluso pedagógica. El Manifiesto Crack, es una suerte de carta de presentación con la cual cinco jóvenes escritores fueron presentados en sociedad, la carta pretende dejarnos en claro quiénes son, de dónde vienen y cuál es su búsqueda literaria. Para conseguirlo, fue también necesario hacernos ver que no tienen nada que ver con la literatura complaciente y comercial que tanto se estila hoy en día y que no debemos esperar de sus novelas que sean fáciles. Todo esto está implícito en los subtítulos: Genealogía del Crack, Septenario de bolsillo y Los riesgos de la forma. La estructura de la novelas del Crack. El título mismo elegido para definirse señala ya un afán de internacionalización, si no de anglofilia: crack, palabra que en inglés significa fisura o grieta y es también la onomatopeya de algo se quiebra. La elección de esa palabra por encima de la castellana lleva a pensar que tal vez responde a un afán comercial.
[1]Miguel Ángel Palou, La feria del Crack, una guía, en Manifiesto Crack,
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