Tú y la poesía
Prácticamente todos tenemos una relación de atracción-rechazo hacia la poesía. Por una parte, en algún momento de la vida nos sentimos poetas, escribimos algunos versos (casi siempre de amor); leemos a Pablo Neruda, César Vallejo, Gabriela Mistral y, por qué no, a Xavier Villaurrutia o incluso a Octavio Paz, incluso memorizamos algunos versos y, en secreto o en público, los declamamos. Después, como si todo lo anterior se tratara de una adolescencia del alma, nos olvidamos del loco pasado y nos volvemos gente seria, de la que no lee poesía y, por supuesto, no la escribe. Yo mismo escribí alguna vez algunos versos que fueron publicados en un diario de Quintana Roo, donde vivía entonces. Seguramente eran malos, pero en aquel momento tuvieron un sentido. ¿Tú también tuviste una etapa en la que la poesía te significó algo?
Este mismo proceder, parece repetirse a mayor escala en México, donde la poesía ha dejado de ser un género popular y ha sido superada en el gusto de los lectores por la novela o la narrativa en general. Recuerdo que hasta hace algunos años era común encontrarse poemas en los periódicos, prácticamente a diario se publicaba uno. Ahora mismo no recuerdo cuándo vi uno durante el último año. ¿Por qué la poesía ha dejado de interesarnos? ¿Qué nos decía antes que ya no nos dice ahora?
Sin embargo esos versos que siguen siendo importantes nos persiguen como amores a los que tratamos mal a lo largo de toda nuestra vida. Por ejemplo, puedo recordar el inicio de Los amorosos, de Jaime Sabines y seguir pensando, y sintiendo, que me dice algo que las palabras llanas no pueden reproducir acerca del enamoramiento:
“Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.”
Y dejando a un lado mi temor a ser cursi (lo acepto, me da pavor ser cursi) tengo que señalar que alguna vez mandé la clásica tarjetita en la que tomé prestada la voz de Pablo Neruda para decir: “Me gustas cuando callas porque está como ausente…” Indudablemente la poesía está presente, aunque uno no la quiera ver, aunque el pudor nos obligue e refundirla en un cajón como un pecado inconfesable. ¿Alguna vez mandaste versos?
¿Para qué sirve la poesía? En sentido estricto, para nada. No es como una carta dirigida a alguien con la que se espera conseguir un empleo o un favor y tampoco da información como un texto histórico o periodístico. La poesía es el lenguaje preguntándose por sí mismo. ¿Y cómo se define el hombre sino a través del lenguaje?
Cuándo les pregunté sobre la utilidad de la poesía a algunos poetas asistentes al Festival Internacional Letras en San Luis, llevado a cabo del 19 al 21 de junio en la ciudad de San Luis Potosí, la primera respuesta fue: la poesía no sirve para nada. Pero tras inquirir cuál era entonces el sentido de escribir poesía, las contestaciones se volvieron muy interesantes.
El español Juan Antonio Masoliver dijo que la poesía “es una necesidad de expresarse. Uno en el lenguaje cotidiano no expresa todas las cosas, en el lenguaje de la poesía llegas a otras profundidades, ¿por qué conmueves a un lector? Porque penetras en un terreno que en la comunicación normal no penetras. Y esta es la búsqueda continua de cualquier poeta, de cualquier pintor.” En lo dicho por Masoliver encuentro esa sensación de conocimiento profundo que se obtiene cuando se lee buena poesía. Se trata de un saber que nos pertenece a todos y que se reconoce cuando uno piensa que esa palabras, las del poeta, expresan claramente lo que uno quería decir.
El poeta mexicano Norberto de la Torre responde así: “No sirve para nada. Para ser feliz; entendiendo por felicidad un cierto grado de satisfacción personal. Me divierte, me agrada, me otorga placer. Yo creo que para eso existe la poesía, para que nos de placer. Es una forma de conversar, pero muy diferente de la conversación rutinaria. Cuando se frecuenta este tipo de conversación, se aprende y comienza a agradar.” En el mismo tenor va lo dicho por el también mexicano José María Espinasa, para quien
”la poesía es en principio una comunicación con el mundo, una manera de decirse cosas a sí mismo y una forma de expresión que lleva a descubrir mayores niveles de profundidad.”
José Emilio Pacheco, a quien le fue otorgado el Premio al Mérito Literario dio en clavo con palabras que me suenan irrefutablemente certeras: “Para algo sirve la poesía, no en vano ha existido y seguirá existiendo en todas las épocas y en todas las culturas. Sirve para conservar vivo el lenguaje, para mantenerlo en circulación e impedir que se estanque y se pudra y nos deje ciegos y mudos. [...] Lo que sí soy capaz de decir es que sin palabras, es decir sin poemas, no podría saber quién soy, qué soy, en dónde estoy, de dónde vengo y que será de mí mañana.”
Y tú, ¿para qué crees que sirve la poesía? Compártenos la “utilidad” que le has dado en tu vida. O tal vez prefieras sacar del cajón algún verso, propio o ajeno, que te ha seguido como fantasma, amigable o no, a lo largo de tu vida.



